jueves, 2 de agosto de 2018

Afganistán, cementerio de imperios


En público, los militares aportaron la intervención en Afganistán; sin embargo, en privado, estaban preocupados por quedar atrapados. Después de 16 años, temían que se hubiera diseñado la receta para una guerra sin fin, según explico un embajador estadounidense que se reunió con los oficiales. No obstante, los generales sintieron que no había más alternativa, por lo menos no una realista, que continuar peleando una misión perdida, aseguró el diplomático.

Esos generales erán pakistanies y las reuniones con el el embajador Tom Simons se produjeron en 1996. Simons le contó su experiencia al periodista Steve Coll en 2002, un año después de iniciada la misión estadounidense en Afganistán, que ha durado 16 años ya que Donal Trump pretende mantener durante su mandato.

Hay varias razones para que el conflicto de Afganistán, tanto entonces como ahora, no puede solucionarse. La combinación de varios factores, como el colapso estatal, conflicto civil, desintegración étnica, así como la intervención de varios bandos, ha encerrado a esa nación en un círculo perpetuo que quizás esté lejos de cualquier solución externa.

Romain Malejacq, politólogo del Centro de Análisis y Gestión de Conflictos Internacionales en Países Bajos, dijo....  Entre más seguimos, más división hay, aseguró. Cada vez me siento más pesimista. Para ser honesto, realmente no sé cómo va a salir Afganistán de esto.

Sin embargo, los académicos creen cada vez más que cuando un Estado ha fracasado de manera tan rotunda, como es el caso de Afganistán, mejorar algunos de estos elementos podría entorpecer al otro.
Ken Menkhaus, politólogo de Davidson College documentó esta dinámica en su estudio sobre Somalia, un caso que los expertos suelen comparar con Afganistán.


Menkhaus encontró que los somalíes se habían adaptado a la desintegración de su país y establecieron sus propias instituciones locales informales, a menudo bajo la autoridad de los caudillos de la guerra. Esos sistemas estaban plagados de corrupción e injusticia, pero se sentían orgullosos.
Entre más crecían estos grupos, mayor peligro representaban para el gobierno central. Según Mnkhaus, reconstruir al Estado somalí se volvió un ejercicio reproductor de conflicto.

No obstante, eso creó tensiones entre el Estado, las guerrillas y los grupos armados que se formaron durante la ausencia de un gobierno central. Con frecuencia, el conflicto se hizo más violento y empeoró la inseguridad.

Afganistán está atrapado en otra paradoja. Su ubicación lo pone a merced de varias potencias extranjeras que se beneficiarían de la estabilidad afgana, aunque también podrían verse en desventaja si otro país llega a dominar. En consecuencia, prácticamente cualquier tratado de paz viable es inaceptable para alguna de las partes involucradas.

Entre los mecenas de Afganistán se encuentran los rivales geopolíticos con mayor tensión entre ellos: Rusia, EE.UU., Pakistan e India, así como Irán. Cada uno tiene su propio grupo favorito para controlar la región.

Aunque ninguno está satisfecho con el statu quo, no logran encontrar un acuerdo de paz en el que los cinco puedan sacar cierta ventaja, por ejemplo, los generales pakistanies que lamentan  la tensión que la guerra ejerce en su país temen que el dominio de India en Afganistán sería peor, así que centran sus esfuerzos en debilitar a cualquier tribu que piensen que se ha aliado con su adversario.

Estas decisiones se han ocasionado que la política interna estadounidense favorezca el desarrollo de una guerra que pocos creen que se pueda ganar y una estrategia que es ampliamente considerada como fallida. Un acuerdo con el régimen talibán o un retiro unilateral significarían capitulaciones humillantes o mirar cómo el país colapsa todavía más sin hacer nada.


También influyen las políticas partidistas. Los demócratas usan a Afganistán para protegerse de las críticas por oponerse a la guerra en Irak. Los votantes, según las opiniones de los políticos, leen este consenso bipartidista como evidencia de que la guerra es necesaria.

La diversidad étnica en Afganistán, aunque alguna vez fue estable, ha significado otro punto de división que ha causado el colapso del país, la guerra no comenzó como un conflicto étnico. Cuando los grupos étnicos se sienten vulnerables u opuestos por su etnicidad, la idéntidad se fortalece y crece la desconfianza hacia otros grupos explican algunos científicos. "Es un círculo vicioso". El conflicto sigue creciendo con el tiempo y las fracturas se vuelven más evidentes. Mientras el conflicto se desgasta y los civiles inevitablemente se ven atrapados en el fuego cruzado.

El Afganistán actual es muy diferente del de aquella época. Los Estados europeos se fueron construyendo a lo largo de los siglos, una proeza que Estados Unidos quiere lograr en unos cuantos años.

Mukhopadhyay sostiene que la reconstrucción de Afganistán tomará muchos más años que los previstos por las estrategias estadounidenses, y quienes hacen las políticas deben pensar en un proceso que involucre a varias generaciones. Estados Unidos no puede ni ganar la guerra en Afganistán, ni poner fin ni salir del país.

Los últimos ataques suicidas vuelven a poner en el centro de atención el fracaso de los esfuerzos de Trump por estabilizar el país. La guerra de Afganistán costará 45.000 millones de dolares este año de 2018. Al mismo tiempo Trump ignora las lecciones de la historia.

Los últimos y terribles ataques suicidas cometidos en Kabul y Kandahar que mataron este mes de Mayo a más de 50 personas han puesto de nuevo la atención en el fracaso continuo de los esfuerzos estadounidenses por estabilizar el país, sostienen los críticos, EE.UU. está en un triple apuro: no puede ganar la guerra, ni puede ponerle fin y no puede salir del país.



A medida que aumentan las victimas civiles y sin indicios de que los recientes refuerzos de la OTAN y de EE.UU. estén marcando la diferencia, es que el ISIS y los talibanes parecen estar compitiendo por el título de los terroristas más temidos. ISIS reivindicó los ataques de Mayo en Kabul, así como el atentado en un centro de registro de votantes en donde mato a 60 personas. Pero fueron los talibanes los que perpetraron dos atrocidades infames en Enero. En una, una ambulancia llena de explosivos estalló y mató a cerca de 100 personas. En la otra, el hotel de lujo Intercontinental de Kabul se convirtió en un campo de batalla.

Los talibanes lanzaron su ofensiva la primavera de 2018 amenazando con un caos cada vez mayor. De acuerdo con cálculos estadounidenses, las fuerzas del Gobierno controlan menos del 60% de Afganistán, con el resto en disputa o bajo control de los insurgentes. Otro problema es que los terroristas están ahora atacando específicamente la frágil y recién nacida democracia. De ahí los repetidos ataques a ministerios del Gobierno a los organizadores de las elecciones parlamentarias y locales de Octubre y a los periodistas que trabajan para medios locales independientes y occidentales.

Cada nueva matanza en un lugar público de perfil alto debilita la autoridad interna y externa de Ashraf Ghani, el asediado presidente de Afganistán, Ghani presentó en Febrero un ambicioso plan para la paz, ofreciendo un alto el fuego inmediato y conversaciones, la única respuesta que ha recibido hasta ahora ha sido el derramamiento de sangre. El pasado Agosto de 2017 Donal Trump presentó una estrategia de combate par ganar, ha desplegado unos 3.000 solados adicionales, ha aumentado el alcance y autonomía de las operaciones antiterroristas y ha pedido a los aliados de la OTAN que hagan más para ayudar en su misión.

La iniciativa de Trump ha resultado ser casi inútil como su decisión de tirar "la madre de todas las bombas". EE.UU. lanzó el artefacto sobre lo que se creía que era una red de cuevas y túneles del ISIS al este de Afganistán. Trump se jactó de una gran victoria, dando un nuevo significado a la palabra bombastic (grandilocuente). En lugar de contener la violencia e imponer la paza, la decisión de Trump de dar luz verde a un mayor uso de ataques con drones, parece haber tenido el efecto contrario, datos de la ONU en Febrero, el aumento el año pasado del número de ataques indiscriminados provocó más de 10.000 bajas civiles, incluidas 3.500 muertes.


En ausencia de una estrategia completa de EE.UU., Afganistán corre el riego de convertirse en un gran campo de entrenamiento y un punto de ensayo de armas para las Fuerzas Armadas estadounidenses. Estudios más serios del dilema afgano de Estados Unidos creen que diga lo que diga Trump, EE. UU. está atrapado allí de forma indefinida.

Tras los atentados terroristas del 11 de Septiembre de 2001 y en el marco de un orden político internacional multipolar y asimétrico. EE.UU. realizó una serie de políticas en el ámbito exterior para dar respuesta a esos atentados y para aumentar su influencia política en Oriente medio. Tras el 11-S, las pistas de los causantes de los atentados terroristas de Nueva York llevaban hacia la organización terrorista Al Qaeda encabezada por Osama Bil Laden. En el año 2001 Bin Laden estaba en Afganistán, donde existían un régimen político islamista radical por parte de los talibanes.

En este contesto anterior, EE.UU. inició sus acciones contra Afganistán en Octubre de 2001. El régimen talibán se negó a entregar a Bin Laden a EE.UU., lo que llevó a éstos a preparar una guerra para apresarle aunque fuera invadiendo el país. Afganistán se podría considerar como un estado fallido.

Existen dos operaciones fallidas luchando contra el país. La Operación Libertad Duradera, es un operación de combate estadounidense con la participación de algunos países e la coalición y que actualmente se está llevando a cabo princinpalmente en las regiones del sur y del este del país a lo largo de la frontera con Pakistán. En esta operación participan unos 28.300 soldados estadounidenses aproximadamente.

La segunda operación es la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), que fue reestablecida por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a finales de Diciembre de 2001 para asegurar Kabul y las áreas de sus alrededores. La OTAN asumió el control de la ISAF en 2003. En Julio de 2009, la ISAF tenía en torno a 64.500 soldados de 42 países, proporcionando los miembros de la OTAN el núcleo de la fuerza. Estados Unidos tenía aproximadamente 29.950 soldados en la ISAF.

En la invasión, EE.UU. y Reino Unido llevaron a cabo la campaña de bombardeo aéreo, con fuerzas terrestres proporcionadas fundamentalmente por la Alianza del Norte. En 2002, fue desplegada la infantería estadounidense, británica y canadiense. A finales de Noviembre, Kandahar, cuna del movimiento talibán, era el último bastión que le quedaba al grupo extremista islámico.


 Mientras tanto, había llegado el primer número significatívo de tropas de combate de EE.UU. Cerca de 1.000 marines, que fueron transportados en helicópteros CH-53E Super Stalion y aviones C-130, establecieron una base de operaciones avanzada conocida como Camo Rhino en el desierto del sur de Kandahar el 25 de Noviembre. Este fue el primer punto estratégico de la para esta Coalición en Afganistán, y el primer paso para establecer otras bases de operaciones. El primer combate importante en el que participaron las fuerzas terrestres estadounidenses ocurrió un día después de montar Camp Rhino, cuando 15 vehículos blindados se acercaron a la base y fueron atacados por helicópteros artillados, destruyendo muchos de ellos.

Sin embargo, Kandahar, la última ciudad controlada por los talibán, había caído, y la mayoría de los combatientes talibán se había disuelto. Mientras los Marines tomaron el control del aeropuerto a las afueras y establecieron una base.



The New York Times
El Diario. es
La Crísis de la Historia.es
wikipedia.es/Afganistán

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